En el fondo de las aguas

Por Jorge González Cano

El sexenio de Enrique Peña Nieto anda rechinando y “pasando aceite” desde hace un buen tiempo. Su gobierno va transitando por una serie de dificultades causadas por los errores y la falta de visión de estado que tiene el de Atlacomulco y su gabinete. Cuando no es una “metida de pata” de Peña, es de uno de sus colaboradores, como la última pifia que fue del “niño listo” Luis Videgaray, eso de invitar a Donald Trump a México fue lo que en mi pueblo llaman una “reverenda pendejada”. De ese tamaño son las ocurrencias de Peña y su gabinete, así, de este modo es como ha ido gobernando.

Lo que se esperaba fuera un sexenio que sacara a México del hoyo en que lo había dejado Felipe Calderón, ha sido peor que el del michoacano, que ya es mucho decir. Calderón y Peña han resultado una tremenda decepción como presidentes, ninguno cumplió con lo que prometieron en campaña. Calderón prometió que sería el presidente del empleo, pero nunca dijo que el empleo era para los militares y los narcos, ya que estos dos gremios fueron los únicos que tuvieron empleo en su sexenio. Peña ha salido pésimo como gobernante y como persona, ni siquiera su vida privada se ha salvado de un escándalo tras otro. Desde la muerte de su primera esposa, la señora Pretelini, Peña ha ido de escándalo en escándalo. Después fue su boda con la señora Angélica Rivera, que esto no tendría por qué espantar a nadie, pero cuando se supo lo de la “casa blanca” y la pésima forma en que ambos, Peña y Rivera, manejaron el asunto, cundió el descontento popular. Y tristemente la señora Rivera fue envuelta en hechos tan lamentables.

El señor Peña Nieto ha carecido de sensibilidad, inteligencia, brillantez y sentido común para comportarse como político y como gobernante, ya no digamos como presidente. Ha hecho gala de ignorancia, de torpeza en entrevistas, discursos y actos públicos en los que siempre comete algún error al hablar o mencionar algo o alguien, tal vez sea la enfermedad de la tiroides lo que lo ha hecho desenfocarse o andar con tan poco asentamiento en sus labores públicas. La mayoría de las veces anda como fuera de órbita, responde sin pensar, sin reflexionar, muestra desconocimiento de los asuntos que competen a su puesto, a su investidura y muchas veces actúa con falta de sentido común. A todo esto, por si fuera poco, hay que agregarle la corrupción de la que ha hecho gala desde que era gobernador del estado de México. Y aquí es donde radica gran parte del problema.

Cuando Peña Nieto era gobernador del estado de México, si usted amable lector recuerda bien, como gobernador casi nunca daba entrevistas a la prensa ni declaraciones, mucho menos de las llamadas entrevistas de “banqueta”, que son cuando en un acto público los reporteros presentes les arriman los micrófonos y les hacen preguntas de diversos temas. Por esto es que el de Atlacomulco llegó a la presidencia careciendo de experiencia y fogueo en el manejo de medios de comunicación, pues como gobernador nunca se preparó ni logró la experiencia que necesitaría en la presidencia. Desde ahí él y sus asesores carecieron de perspicacia para saber lo que se les venía. También como gobernador, más bien tampoco, tuvo que dar explicaciones de su conducta, ya que los contratos que les daba a sus amigos, como Grupo HIGA, eran ocultos y se escondía la información, cosa muy diferente en el ámbito federal, donde no es posible ocultar cosas, sobre todo cuando hay periodistas de la talla de Carmen Aristégui, a la que no se le va una. Muchos dicen que esta periodista trabaja para López Obrador, pero lo que nos debe importar son las labores periodísticas y de investigación que ha hecho en su trabajo, además apelando a una libertad de expresión que ha costado mucho conseguir en México. Así que como presidente del país Peña Nieto ya no tuvo esas cobijas ni esas palas para echarle tierra a los asuntos públicos como lo hacía en el estado de México.

Así es como EPN llega “verde” a la presidencia del país, desde su campaña en aquél lamentable evento de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, Jalisco, donde no supo mencionar tres libros que hubieran influido en su vida, comenzó su largo camino de errores y pifias. Ya desde ahí la gente comenzó a verlo carente de los tamaños necesarios para liderear al país, desde ahí comenzó el declive del que supuestamente, como dijo la revista Time, salvaría a México. Y fue hace dos años cuando su gobierno recibió el mazazo del que no se ha levantado: la desaparición de 43 normalistas de la escuela normal Burgos de Ayotzinapa, Gro. Este hecho fue el bloque de cemento al que va a amarrado el sexenio de Peña Nieto y que lo está llevando al fondo de las aguas más profundas de la política. Y con él arrastra a millones de mexicanos que estamos padeciendo los estragos de un pésimo gobierno.   

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